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“Uno sigue siendo el ser humano pequeño, frágil, que sufre, que se equivoca”: Mons. Rueda Aparicio
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Antes de viajar a Roma para ser creado cardenal de la Iglesia Católica Universal por el papa Francisco el próximo sábado 30 de septiembre, en una conversación tan sencilla como su esencia misma, monseñor Luis José Rueda Aparicio, compartió detalles de su historia de vida con el equipo de comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, organismo que preside desde el año 2021.
“La cuestión es que cuando lo eligen a uno cardenal, generalmente la figura es muy superficial. Miran desde afuera, se les olvida que los miembros de la Iglesia somos seres humanos de carne y hueso, que nacimos en una familia”, inicia afirmando el prelado.
Durante la conversación, el arzobispo santandereano narró detalles que hasta hoy han sido poco conocidos públicamente. Algunos muy íntimos, otros, familiares y los demás, asociados a su camino pastoral. Todos dan cuenta de cómo ha influido su origen humilde, el ejemplo y amor de su familia, lo que ha aprendido de sus hermanos en la fe, las realidades de las tres jurisdicciones eclesiásticas que ha pastoreado y sus convicciones éticas y sociales, en quien es hoy.
“A la Iglesia le debo todo”
Con convicción y gratitud profunda monseñor Luis José, bautizado a los 15 días de nacido, como sus otros 11 hermanos, afirma que a la Iglesia le debe todo. Sin embargo, hace una precisión: “A la Iglesia pueblo de Dios, no a la Iglesia solamente “jerarquía”. Porque cuando se habla de la Iglesia unos piensan en los obispos, en el Papa, en los sacerdotes, y se les olvida que papá y mamá, que los hermanos laicos, que los casados, que los sobrinos, las sobrinas, son Iglesia”.
El primado de Colombia cuenta, por ejemplo, que gracias a Dios, a través de uno de los sacerdotes de su tierra natal, para quien su padre trabajó en la construcción de un templo, él y su familia, lograron tener casa propia.
“¿Cuál es la historia? En San Gil, hasta 1950, solamente había una parroquia. Pero en esa década ya empezó San Gil a crecer un poquito más, entonces el obispo de ese tiempo dice: “Nos toca crear otra parroquia” y un donante dice “yo”, y donó un terreno y otro donante donó otro terreno. Entonces el párroco de ese tiempo se ve en el dilema de no rechazar a los dos donantes y los dos lotes buenos para ser parroquia”, cuenta el pastor.
“Optó por uno y se la jugó por otra medida”-continúa explicando-, “dijo entonces al otro donante: “Allá en el lote que nos donó, no vamos a construir el templo, pero vamos a construir siete casas. En el templo duraron más de cinco años construyendo el templo y mi papá, que trabajaba en construcción, Luis Emilio, trabajó todos los años””.
Cuenta después que sorpresivamente y con una especie de “responsabilidad social eclesial”, el sacerdote terminó asignándoles con escritura cada una de esas casas a siete de los trabajadores que permanecieron siempre en la obra. “Por eso tenemos casa propia”, puntualiza monseñor. Casa que aún conservan como patrimonio familiar, que visita y en la que comparte con los suyos cada vez que su ministerio se lo permite.
Sobre su infancia, hay detalles muy especiales en el relato. “Los vecinos del barrio, los que me conocen en San Gil saben que no era un ángel, que era normal, tampoco era un vago porque trabajábamos mucho, pero pero éramos normales, sin pretender santidades que no existen. Pero algo sí era muy importante: todo los domingos, misa y comunión”, comenta monseñor.
Uno de los 21 nuevos cardenales que tendrá próximamente la Iglesia, el hijo de Luis Emilio y Socorro, junto a sus hermanos y como seguramente muchos otros de su época, llegaba a acuerdos con su padre para participar de la Eucaristía dominical: “Llegó la adolescencia y nosotros le negociábamos a mi papá: no vamos a la misa de diez porque nos corta la mañana, no vamos en la noche porque en la noche es mejor ir con las amigas. Entonces más bien, madrugamos a Misa y salimos de eso. Era la forma de decirle a mi papá y él decía “listo entonces, pero van a misa y comulgan. Y esa era nuestra tarea”.
Ese adolescente también experimentó su vida afectiva. Vivió desde el inicio del bachillerato y durante seis años, una relación muy especial con Nancy, una joven a la que quiso mucho y con quien compartía, entre otros, su gusto por jugar ping pong durante largas horas. Además, es seguidor del fútbol (hincha del Atlético Bucaramanga, por cierto), aprendió de construcción gracias a su padre y de metalistería gracias a su colegio, derramó lágrimas durante su servicio militar obligatorio del que fue “rescatado” por su madre en La Guajira y más adelante, se vinculó al laboratorio de una cementera.
“Yo pasaba de la empresa la casa por un templo donde está el cementerio de San Gil y yo entraba a rezar un ratico con mi uniforme, con mi overol y yo veía al Cristo, era un Cristo crucificado, pero con los ojos abiertos. Hasta ahora entiendo que era un Cristo agonizante, no estaba muerto, no es un Cristo con los ojos abiertos. Yo decía: pero, ¿Él está muerto o está vivo? Porque tiene los ojos abiertos. Y me impresionaba mucho y eso se me fue metiendo, hasta que un día le dije a ella: yo quiero ser sacerdote”.
A monseñor Rueda le costó entender su vocación por esa “extraña” manera en que sintió el llamado a los 19 años de edad. En aquella época hasta llegó a pensar que ingresar al seminario podía ser una especie de traición a Nancy, con quien seguía compartiendo; también a su familia, pues él aportaba para el sostenimiento de su casa, ya su padre estaba enfermo, irse limitaba por completo sus posibilidades de seguirlo haciendo.
Tomar la decisión de iniciar su vida sacerdotal fue una reto, pero lograr que le creyeran y poder ingresar al Seminario Conciliar San Carlos de San Gil, significó uno mayor. Aunque su padre lo había animado a dar el primer paso para empezar ese camino, advirtiéndole que debía hacerlo bien, varias pruebas se le cruzaron en él, entre ellas, lograr que algún sacerdote le diera una especie de “carta de recomendación”.
“Yo quiero ser sacerdote. ¿Pero eso cómo es, señor obispo?”
“Yo quiero ser sacerdote. ¿Pero eso cómo es, señor obispo? ¿Entonces él se rió, me atendió, era una persona muy seria, muy respetuoso y me dijo Usted tiene novia? Yo dije Sí, le digo que sí. Me dice váyase, no sé cómo será eso. ¿Y yo le dije no, así como tal, no? Y entonces él me dijo: Es bueno que consiga una amiga, que usted experimente su afectividad, que interactúe con ella. Salí aburrido de ese diálogo, debí haberle dicho la verdad a monseñor Víctor”, cuenta, con cierta emotividad, el hoy presidente del episcopado colombiano, al referirse a su primera conversación con monseñor Victor López Forero, el arzobispo emérito de Bucaramanga, en ese tiempo…,quien precisamente el pasado 23 de septiembre partió a la casa del Señor.
Aunque finalmente consiguió esa carta con el capellán del Colegio Nacional San José de Guanentá Integrado de San Gil, uno de los cinco por los que pasó porque, coincidencialmente, los cerraban o se trasladaba. Él mismo cuenta que no fue realmente activo a nivel de vida parroquial. Aunque la Misa de los domingos y el rezo del Santo Rosario en su hogar, eran sagrados, no fue de participar activamente en comunidades ni grupos. De hecho, recuerda que en esa exploración, una de las primeras cosas que hizo fue ir a una convivencia vocacional y no le gustó.
“Uno aprende a ser cura con la gente”
Finalmente monseñor Luis José ingresó al seminario, disfrutó de su proceso y tras terminarlo, a los 27 años de edad, fue enviado por monseñor Leonardo Gómez Serna, a una parroquia rural en una localidad llamada Albania que en ese tiempo pertenecía a la Diócesis de Socorro y San Gil y estaba ubicada a siete horas de San Gil.
“Quiero advertirle que de allí se han retirado cuatro sacerdotes por distintos motivos. Uno por el alcoholismo, otro porque se enredó con una dama, pero yo confío en usted y está listo”, le dijo monseñor Gómez Serna al Luis José Rueda de aquella época, aún inexperto, que jamás llegó si quiera a sospechar la misión que el Santo Padre le encomendaría hoy. “Y me di cuenta de una cosa que uno en el seminario aprende la teoría, pero que uno aprende a ser cura con la gente”, agregó con firmeza el cardenal electo.
Hoy, 33 años después de ordenado, recuerda con cariño pero también con cierta sorpresa su camino episcopal. Tres jurisdicciones pastoreadas en regiones muy distintas, un periodo en la presidencia del episcopado que terminará en julio del 2024 junto a sus hermanos monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos y Luis Manuel Alí Herrera, vicepresidente y secretario general de la Conferencia, respectivamente. Ademas, una gran cantidad y diversidad de lugares y personas que ha podido conocer, desde los más humildes y necesitados, hasta las personalidades más destacadas de la vida social y política del país.
“Yo pensé que los obispos eran de familias ricas”
Aunque significó una alegría muy grande para sus coterráneos, la noticia de que el papa Benedicto XVI lo había nombrado obispo de la Diócesis de Montelíbano fue toda una sorpresa, no solo para él sino también para su familia.
“El día que avisaron que iba a ser obispo yo ya sabía, pero toca guardarlo en secreto. Y uno está ahí, como con “el entre pecho y espalda”, con ese secreto. Cuando ya se supo, hubo mucha alegría en la familia y en San Gil. Solo en la tarde pude ir a comer con mi madre y le dije, Y ella dijo: “Yo pensé que los obispos eran de familias ricas”. Fue la expresión que nunca se me olvida”, narró monseñor.
El prelado partió hacia esta Iglesia particular en Córdoba, región que no conocía, en la que tuvo que acompañar durante seis años a las comunidades en medio de complejos retos del contexto social por cuenta de situaciones asociadas al conflicto armado, pero a la que quiso mucho.
“Yo aprendí a ser obispo con los sacerdotes”
“Estando allá, cambia la ruta porque renuncia Benedicto y nombran a Francisco, y Francisco me pasó a Popayán y yo llegué a ser Arzobispo de Popayán. Eso es una cosa muy grande, pero uno sigue siendo el ser humano pequeño, el ser humano frágil, el ser humano que sufre, que se equivoca”, afirma monseñor.
Al conocer y celebrar la Eucaristía en todas sus parroquias, monseñor Luis José se enamoró del Cauca, de su gente, su cultura y su geografía. Sin embargo, no había cumplido los dos años aún y es notificado en mayo de 2018, a través de monseñor Luis Mariano Montemayor, nuncio apostólico en Colombia durante esta época, que el Santo Padre lo había nombrado arzobispo de Bogotá.
“¡No puede ser! ¿Suceder a monseñor Rubén Salazar Gómez? ¡Esas son palabras con mayúscula sostenida!”
La capital, tan grande y diversa, recibió en junio de 2020 a monseñor Luis José, en plena época de confinamiento obligatorio por la pandemia del COVID-19. Los retos de esa época y la responsabilidad tan enorme que sentía en ese nuevo encargo eran inmensos.
Su misión en Bogotá y, al tiempo, la tarea de presidir el episcopado colombiano, le han permitido al arzobispo hacer llegar un mensaje más directo a diferentes actores y sectores frente a sus preocupaciones por las realidades que vive hoy el país. Su insistencia en la defensa de la vida y en la necesidad de construir la reconciliación y la paz, desde la justicia, el amor y el respeto por los derechos humanos, han sido permanentes.
“Y aprendí a conocer Bogotá y a amarla, y a darme cuenta de que Bogotá no es lo que otros piensan desde fuera. Algunos dicen Bogotá tiene dos partes el sur y el norte, falso, Bogotá tiene una multiplicidad. En el norte hay periferias existenciales, en el sur hay belleza, riquezas, hay de todo”, afirma monseñor Rueda, al tiempo que recuerda su gusto por haberse podido acercar e involucrar con la realidad de los habitantes de calle.
“Como dice el Papa, yo he cometido muchos pecados, pero yo he sido misericordiado por el Señor”.
Enterarse de la noticia de su designación como Cardenal el pasado 9 de julio, fue más inesperada aún. La semana previa había finalizado la asamblea plenaria del episcopado y justamente, un día antes, la Iglesia colombiana iniciaba su luto por la partida de monseñor Elkin Fernando Álvarez Botero, obispo de Santa Rosa de Osos.
Esa noticia, que llegó para el país como un bálsamo de esperanza, pareciera aún increíble para monseñor Rueda Aparicio. “El Papa me mandó una carta muy bonita, una carta privada personal donde me anima, donde me dice: “Ahora entra al Colegio Cardenalicio” y lo que eso significa en clave de servicio, en clave de unidad con el Papa, con el sucesor de Pedro y de martirio. Y por eso debe estar dispuesto”, expresa con actitud de obediencia el arzobispo de Bogotá.
Luis José Rueda Aparicio, no solo el del nuevo título que recibirá en la Santa Sede, sino el ser humano, el hijo, el hermano, el tío, el primo, el amigo, narra que mirar hacia atrás, le da la oportunidad de darse cuenta cómo su vida se la ha ido transformando el Señor. Termina su relato afirmando que más allá de las pruebas, ama a Dios, a la Iglesia y al país y está dispuesto a entregar su vida.
Vea la entrevista completa aquí:
La migración, una realidad que nos sigue interpelando
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Jue 24 Sep 2026
Jue 1 Oct 2026
Nuevos ataques en la subregión del San Juan: Mons. Mario de Jesús Álvarez clama por la paz y la protección de las comunidades
Ante los recientes ataques contra estaciones de Policía en Nóvita y Santa Rita de Iró, la Iglesia expresa su preocupación por el impacto de la violencia en la población civil y pide buscar caminos de paz, diálogo y respeto por la dignidad humana.La Diócesis de Istmina-Tadó hizo un llamado urgente a detener la escalada de violencia que en los últimos días ha afectado a distintos municipios de la subregión del San Juan, en el sur del departamento del Chocó, y que nuevamente tiene a las comunidades sufriendo.La situación se agudizó el miércoles 30 de septiembre en Nóvita, donde, alrededor de las 10:00 de la mañana, mientras la comunidad se disponía a iniciar la celebración de la Eucaristía con motivo de la fiesta patronal de San Jerónimo, se registró un ataque contra la estación de Policía mediante drones y armas de largo alcance. De acuerdo con información de las autoridades, el hecho incluyó el lanzamiento de seis granadas desde drones y también afectó instalaciones militares. No se reportaron personas heridas.Para la Diócesis, la situación adquiere una especial gravedad por haber ocurrido en medio de una celebración religiosa y en el casco urbano, donde la población quedó expuesta al riesgo.Desde Nóvita, monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de Istmina-Tadó, expresó su preocupación por lo que está ocurriendo en la región y pidió a los grupos armados detener las acciones que están afectando directamente a las comunidades. También pidió al al Gobierno Nacional priorizar la protección de las comunidades.“Todo debemos pararlo inmediatamente, dada la angustia y la zozobra que esto provoca”, manifestó el obispo, quien insistió en que la salida debe buscarse por “los caminos del Evangelio y los caminos de la paz”.El prelado señaló que durante los últimos días se han registrado graves hechos de violencia en municipios como Tadó, Río Iró, Sipí, Condoto y Nóvita. En declaraciones entregadas este 1 de octubre, explicó que, a su juicio, las comunidades están experimentando miedo e impotencia y que muchas personas prefieren guardar silencio ante el riesgo que perciben en sus territorios.Sobre las dinámicas del conflicto, monseñor Álvarez se refirió a la confrontación entre el ELN y las AGC, así como a los ataques contra integrantes de la Fuerza Pública. Sus apreciaciones corresponden a su lectura de la situación que viven las comunidades que acompaña pastoralmente la Diócesis.La violencia continúa en Santa Rita de IróLa preocupación se extendió este jueves 1 de octubre a Santa Rita de Iró, cabecera municipal de Río Iró. Según informó el padre Ernesto Zapata, vicario general de la Diócesis de Istmina-Tadó, durante la mañana se habían registrado múltiples explosiones de artefactos lanzados mediante drones contra la estación de Policía.“Lo que sabemos hasta el momento es que se han producido al menos seis ataques desde aeronaves no tripuladas...aún no se tiene información confirmada sobre posibles personas heridas", explicó el sacerdote. Recordó, además, que esta población, de aproximadamente 4.000 habitantes, ya había vivido numerosos ataques con estos artefactos dos meses atrás.“Que todos vivamos en dignidad y en respeto”Ante este panorama, la Diócesis de Istmina-Tadó insiste en que las comunidades no pueden continuar soportando las consecuencias de la confrontación armada. Su llamado se dirige a quienes tienen responsabilidades en las decisiones de seguridad y, de manera particular, a los actores armados que desarrollan acciones violentas en los territorios.“Únicamente es dejándonos iluminar por el Dios del amor, de la misericordia y del perdón como podemos hallar caminos para que todos vivamos en dignidad y en respeto”, expresó monseñor Álvarez.La preocupación de la Iglesia por la situación de las comunidades del San Juan no es nueva. En anteriores momentos de confinamiento y confrontación armada, la Diócesis de Istmina-Tadó ha pedido que se garantice la libertad de movilidad de la población civil y el acceso de la Iglesia y de las organizaciones humanitarias a las comunidades afectadas.Precisamente estas localidades del sur del Chocó resultaron gravemente impactadas por el terremoto del 10 de agosto en Colombia. La mayor parte de sus viviendas sufrieron graves daños estructurales y las comunidades aún están a la espera del proceso de recuperación y reconstrucción.Vea el mensaje del Obispo de Istmina-Tadó a continuación:
Jue 1 Oct 2026
“Que la Iglesia sea una casa abierta": Papa León XIV pide acompañar y orar por quienes enfrentan dificultades de salud mental
El Santo Padre invita a rezar para que la Iglesia sea una casa abierta, capaz de acompañar sin juzgar a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y de integrar este cuidado en la vida y misión de las comunidades.La Iglesia en Colombia se une a la intención de oración confiada en este mes de octubre por el Papa León XIV a la Red Mundial de Oración del Papa: “Por la pastoral de la salud mental”. A través de la iniciativa “Reza con el Papa”, el Santo Padre invita a los fieles y a todas las personas de buena voluntad a orar para que la pastoral de la salud mental se integre en toda la Iglesia, contribuyendo a superar el estigma y la discriminación que enfrentan las personas con enfermedades mentales.La propuesta del Pontífice pone en el centro a quienes viven situaciones de ansiedad, depresión u otras enfermedades mentales, muchas veces en silencio y en medio de experiencias de soledad, incomprensión o estigmatización. En este contexto, el papa León XIV pide que la Iglesia sea una “casa abierta”, un espacio seguro donde todos tengan un lugar y donde las personas puedan ser escuchadas y acompañadas sin juicios ni miedo.Una Iglesia que acompaña y no descartaEn la oración, el Papa León XIV se dirige al “Dios de la vida”, que conoce las luces, sombras y heridas silenciosas que habitan el corazón humano. Desde allí, presenta ante el Señor a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y recuerda que Dios los llama por su nombre, con ternura, y que en Él encuentran dignidad y esperanza.La plegaria también contiene una petición de perdón por las veces en que la comunidad ha mirado hacia otro lado y ha contribuido al estigma y la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales. El Papa pide que la Iglesia se convierta en una comunidad que acompaña y no descarta, que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.La intención se extiende, además, a quienes acompañan y cuidan: profesionales de la salud, familiares, voluntarios y todas aquellas personas que, desde distintos ámbitos, tienden puentes de comprensión y consuelo. Para ellos, el Pontífice pide fortaleza y compasión.Finalmente, el papa León XIV invoca al Espíritu Santo para que la Iglesia aprenda a acoger e integrar el cuidado de la salud mental en la vida y en la misión de sus comunidades, de manera que pueda ser signo vivo de una misericordia que acompaña, sostiene y restaura.Una realidad que interpela a la sociedad y a la IglesiaLa intención de oración responde a una realidad que afecta a millones de personas en el mundo. La Organización Mundial de la Salud señala que cerca de mil millones de personas viven con algún trastorno mental y advierte que el estigma, la discriminación y las dificultades para acceder a servicios de calidad continúan siendo obstáculos importantes para quienes necesitan atención.La situación también tiene una incidencia particular en niños y adolescentes. La OMS estima que uno de cada siete jóvenes entre los 10 y los 19 años experimenta un trastorno mental, mientras que muchos de estos casos permanecen sin reconocer o sin tratamiento. La organización advierte, además, que quienes viven con estas condiciones son especialmente vulnerables a la exclusión social y a la discriminación.Ante esta realidad, la Iglesia está llamada a fortalecer espacios de acogida y acompañamiento, en articulación con las familias, las comunidades y los profesionales que brindan atención especializada. La pastoral de la salud mental no busca sustituir el trabajo de los profesionales de la salud, sino ofrecer también cercanía, escucha, acompañamiento y una comunidad en la que cada persona pueda experimentar que su dignidad es reconocida.“No podemos hacerlo solos”El Papa León XIV ya se había referido a la salud mental durante la vigilia de oración con jóvenes celebrada en Barcelona el 9 de junio de 2026. En respuesta al testimonio de una joven que compartió su experiencia con la depresión, el Pontífice llamó la atención sobre las presiones y expectativas que pueden afectar los equilibrios fundamentales de las personas y, al reflexionar sobre el dolor y la soledad, afirmó: “no podemos hacerlo solos”.Esta expresión ilumina también la intención de oración de octubre: frente al sufrimiento que muchas personas experimentan en silencio, la respuesta cristiana pasa por fortalecer comunidades capaces de acompañar, escuchar y acoger. Se trata de que nadie tenga que afrontar solo sus heridas y de que la Iglesia pueda ser un lugar donde las personas encuentren cercanía, dignidad y esperanza.Oración del Papa León XIV por la pastoral de la salud mental:En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.Dios de la vida,Tú conoces lo más íntimo de nuestro corazón,las luces y sombras que nos habitan,las heridas silenciosas que a veces nadie ve.Hoy te presentamos a nuestros hermanos y hermanasque enfrentan dificultades en su salud mental,que sufren en soledad con ansiedad, depresión o cualquier otra enfermedad mental.Tú los llamas por su nombre, con ternura,y en Ti encuentran dignidad y esperanza.Perdónanos por las veces que hemos mirado hacia otro lado,alimentando el estigma y la discriminaciónhacia las personas con enfermedades mentales.Haz que tu Iglesia sea casa abierta,espacio seguro donde todos tengan lugar,comunidad que acompaña y no descarta,que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.Te pedimos, Señor, por quienes cuidan:profesionales, familiares, voluntarios,hombres y mujeres que con paciencia y amortienden puentes de comprensión y consuelo.Dales fortaleza y compasión para sostener.Envía tu Espíritu sobre nosotros,para que aprendamos a acoger e integrar el cuidado de la salud mentalen la vida y en la misión de nuestras comunidades y de toda la Iglesia,y así lleguemos a ser un signo vivo de tu misericordia,que nunca abandona y siempre restaura.Amén.Vea el video de la oración del Papa a continuación:
Mié 30 Sep 2026
Tras peregrinar con María, la Arquidiócesis de Medellín se dispone a vivir octubre misionero
Cerca de 1.300 personas participaron en la tradicional Peregrinación Mariana de la Arquidiócesis de Medellín. La jornada fue encabezada por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, y el obispo auxiliar, monseñor José Mauricio Vélez García. Familias, jóvenes, sacerdotes, religiosas y fieles se unieron en esta jornada que cada año prepara a la Iglesia particular para vivir octubre, Mes Misionero.El 26 de septiembre, acompañados por la Virgen del Seminario, los peregrinos caminaron unidos en oración hasta el Seminario Mayor de Medellín. Durante el recorrido, los participantes encomendaron sus intenciones, la vida pastoral de la Iglesia particular y los frutos de este mes de las misiones que celebra la Iglesia Universal.La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo. En su homilía, el prelado centró su reflexión en la bienaventuranza proclamada en el Evangelio y destacó que escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica permite descubrir el sentido de la fe y avanzar hacia una vida transformada por ella.“La Palabra de Dios no es una teoría, es una persona a la que nos unimos para que se haga carne en nosotros”, afirmó el arzobispo, subrayando así la relación entre la escucha de la Palabra y la vida concreta de los creyentes.Monseñor Tobón también presentó a la Virgen María como modelo de quien escucha la voluntad de Dios y responde con toda su vida. En este sentido, vinculó la peregrinación con el camino misionero que la Iglesia está llamada a recorrer:“Qué hermosa esta jornada: estar reunidos en torno a la Madre y con ella reconocer quiénes somos, a dónde vamos y qué tenemos que hacer”.
Mar 29 Sep 2026
Liberar y cuidar: Iglesia en Colombia profundiza sobre nuevos criterios para el Ministerio del Exorcismo
El tercer curso nacional de formación para exorcistas reunió en Bogotá a sacerdotes y delegados de distintas regiones para profundizar en protocolos, criterios de discernimiento y prácticas pastorales orientadas a proteger la dignidad de las personas atendidas.En Colombia, el Ministerio del Exorcismo avanza hacia una práctica pastoral cada vez más consciente de la responsabilidad que implica acompañar a personas que atraviesan situaciones de especial vulnerabilidad. Esta fue una de las principales conclusiones del tercer curso nacional de formación para exorcistas, organizado por la Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia, bajo el lema “Liberar y Cuidar: El Ministerio del Exorcismo desde la Cultura del Cuidado”.El encuentro, que contó con la participación de cerca de 80 representantes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país y con aportes de expertos nacionales e internacionales, dio continuidad a los dos cursos anteriores, centrados en “Exorcismo y oración de liberación” y “Discernimiento y espiritualidad, pilares del sacerdote exorcista y su equipo”. En esta tercera edición, la reflexión se concentró en cómo incorporar de manera concreta la cultura del cuidado, la normativa eclesial y criterios de actuación responsable en este ministerio.“La figura del exorcista la debemos no solo valorar, sino también cuidar”, señaló monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín y presidente de la Comisión Episcopal de Doctrina de la CEC, al explicar que se trata de un servicio que requiere formación, discernimiento, oración y comunión con el obispo. El prelado recordó que el exorcismo es un sacramental de la Iglesia y que su ejercicio corresponde al sacerdote que ha recibido legítimamente este encargo de parte del obispo.El cuidado de la persona, en el centroUno de los principales énfasis del curso fue la necesidad de que quienes ejercen o acompañan este ministerio tengan claridad sobre los riesgos de generar nuevas afectaciones en personas que ya llegan a la Iglesia en condiciones de fragilidad. El padre Iván José Ruiz Vidal, delegado para el Ministerio del Exorcismo de la Arquidiócesis de Cartagena, destacó este desafío: “En la medida en que nosotros adoptamos el cuidado dentro de nuestro ministerio, pues evitamos entrar en revictimización”.Desde esta perspectiva, el cuidado no se planteó como un elemento adicional al ejercicio del exorcismo, sino como un criterio transversal que debe orientar la relación con quienes solicitan acompañamiento. Esto implica respetar su dignidad, intimidad y libertad; ofrecer una escucha adecuada; evitar actuaciones que puedan producir nuevas heridas y reconocer cuándo una situación requiere la intervención o el acompañamiento de otros profesionales.El padre Gabriel Londoño Sepúlveda, sacerdote exorcista de la Arquidiócesis de Bogotá, sintetizó este enfoque en dos direcciones: el cuidado del ministro hacia las personas que atiende y el cuidado de quienes acuden a él en el ejercicio de su ministerio. Para ello, subrayó la importancia de actuar desde la verdad, el amor, una recta doctrina, la escucha y el acompañamiento pastoral.Discernir antes de intervenirOtro de los aprendizajes centrales fue la necesidad de fortalecer el discernimiento. Las reflexiones abordaron la importancia de evitar atribuciones apresuradas de carácter espiritual frente a situaciones que pueden tener dimensiones psicológicas, psiquiátricas, médicas o sociales.Monseñor José Mauricio Vélez insistió en que el sacerdote exorcista debe contar con criterios suficientes para distinguir las distintas realidades que pueden estar presentes en una persona que solicita ayuda. De ahí la importancia de una formación que permita conjugar la dimensión espiritual con las herramientas provenientes de otras disciplinas.En la misma línea, las ponencias sobre los criterios para el discernimiento de la acción extraordinaria del maligno, las directrices para el ministerio del exorcismo y los posibles abusos en el uso del ritual profundizaron en la necesidad de actuar con prudencia, rigor teológico, formación, oración y trabajo interdisciplinario.El curso también abordó situaciones relacionadas con prácticas de ocultismo y algunas terapias alternativas, planteando la prevención y la formación de las comunidades como herramientas necesarias para que los fieles puedan desarrollar criterios de discernimiento frente a las distintas propuestas espirituales que encuentran en la sociedad contemporánea.Prevenir abusos y fortalecer la responsabilidadLa cultura del cuidado también llevó a revisar posibles formas de abuso en el ejercicio del ministerio, incluidos aquellos que pueden surgir por desconocimiento, actuaciones inadecuadas o interpretaciones erróneas del ritual.Monseñor Rubens Miraglia Zani, exorcista de la Diócesis de Bauru, en Brasil, uno de los conferencistas internacionales del encuentro, llamó la atención sobre la necesidad de fortalecer la vigilancia episcopal y la formación de quienes participan en este servicio. También recordó que no toda persona que se presenta como exorcista cuenta con la autorización eclesial para ejercer este ministerio.De acuerdo con el sacerdote brasileño, esta claridad resulta particularmente relevante en contextos en los que personas que buscan una respuesta inmediata frente a situaciones de sufrimiento pueden quedar expuestas a prácticas que no corresponden al ejercicio legítimo del ministerio de la Iglesia.“No hacemos de nombre propio sino en nombre de la Iglesia y, por lo tanto, hay que seguir lo que nos pide la misma Iglesia”, afirmó el sacerdote brasileño.En este sentido, monseñor Vélez recordó también que el exorcista es un sacerdote nombrado por el obispo y que los fieles pueden acudir a sus respectivas jurisdicciones eclesiásticas para conocer quién ha recibido este encargo. Esta claridad busca favorecer el orden pastoral y prevenir que personas vulnerables terminen recurriendo a quienes actúan al margen de la autoridad y de las normas de la Iglesia.Una responsabilidad que involucra al exorcista y a su equipoEl curso amplió, además, la reflexión sobre quienes acompañan al sacerdote exorcista. La selección, formación, acompañamiento y actuación de los auxiliares fueron abordados como elementos necesarios para garantizar que todo el equipo comprenda los límites de su servicio, actúe con discreción y permanezca en comunión con la autoridad eclesial.Entre los elementos identificados durante los talleres se destacó la necesidad de fortalecer competencias relacionadas con el discernimiento, la formación doctrinal y canónica, el equilibrio humano y espiritual, el trabajo interdisciplinario y la capacidad de reconocer señales de alerta en la práctica pastoral.La reflexión sobre la cultura del cuidado incluyó también el cuidado del propio sacerdote exorcista, tanto en sus dimensiones física y psicológica como espiritual, así como la importancia de evitar actitudes de protagonismo o autorreferencialidad que puedan desvirtuar el sentido eclesial del servicio.De la reflexión a líneas de acciónUno de los aportes metodológicos del encuentro fue el trabajo desarrollado en ocho mesas, organizadas según las provincias eclesiásticas. Este ejercicio permitió compartir experiencias territoriales, reconocer desafíos comunes y plantear propuestas para fortalecer el ministerio en las distintas jurisdicciones.El análisis de las normas canónicas y la construcción de un mapa de competencias permitieron, además, trasladar las reflexiones a situaciones concretas de la práctica pastoral. Las conclusiones recogidas durante estos ejercicios serán objeto de una posterior sistematización por parte de la Conferencia Episcopal de Colombia.Para el padre Carlos Guillermo Arias, director del Departamento de Doctrina de la CEC y coordinador de la organización del curso, este proceso se inscribe en la responsabilidad de continuar ofreciendo herramientas de formación para quienes prestan este servicio en las Iglesias particulares.La proyección, de acuerdo con lo trabajado durante el encuentro, apunta a mantener una formación permanente, fortalecer la articulación entre las jurisdicciones eclesiásticas, consolidar criterios comunes de actuación y profundizar en protocolos y líneas de acción que permitan responder de manera responsable a las situaciones que llegan a este ministerio.“Es relevante seguir formándonos y ojalá tuviésemos la posibilidad de seguir formando también otro mayor número de sacerdotes”, señaló el padre Iván José Ruiz, quien insistió en que la tarea no puede reducirse a una comprensión exclusivamente espiritual de las situaciones que afectan a las personas, sino que debe considerar también las circunstancias sociales y las afectaciones a la dignidad humana.Así, el tercer curso nacional dejó como uno de sus principales desafíos hacer de la cultura del cuidado una práctica permanente del Ministerio del Exorcismo en Colombia: un servicio ejercido en comunión con el obispo, con sólida formación espiritual, doctrinal y canónica, capacidad de discernimiento, apertura al trabajo interdisciplinario y especial atención a la dignidad y protección de las personas vulnerables.Vea el informe audiovisual con los momentos y testimonios más destacados: