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Ya no os llamo siervos, os llamo amigos
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SEXTO DOMINGO DE PASCUA
Mayo 5 de 2024
Primera Lectura: Hch 10, 25-26.34-35.44-48
Salmo: 98(97), 1.2-3ab.3cd-4 (R. cf. 2b)
Segunda Lectura: 1Jn 4,7-10
Evangelio: Jn 15, 9-17
I. Orientaciones para la Predicación
Introducción
Si el domingo pasado el Evangelio nos insistía en la necesidad de permanecer en el Señor, este VI domingo de Pascua, nos explica que la permanencia en Él equivaldría a guardar los mandamientos, que se resumen en amar a Dios y al prójimo. Las lecturas de este domingo nos invitan a profundizar en esta idea fundamental:
• En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, se narra que Pedro va a casa de Cornelio, obediente a la inspiración divina. Se trata de un pagano que necesita ser instruido; Pedro, como instrumento de Dios le transmite el mensaje a él y su familia. Este relato es muy importante, porque es un pagano que es admitido a la comunidad cristiana por un apóstol, por el primer Apóstol, quien reconoce el paso de Dios sobre la vida de Cornelio, con el pasaje bíblico: “Dios no hace acepción de personas” (cf. Dt 10,17; Sir 35,13; Rom 2,11; Ga 2,6; Ef 6,9; Col 3,25; 1 Pe 1,17). En este contexto, se acentúa la universalidad de la salvación ofrecida por Dios y traída por Cristo, sin distinción de personas, razas ni pueblos, en la línea de pentecostés (Hch 2,1-11), donde sobreviene una efusión del Espíritu. Del pueblo de Israel, primer receptor privilegiado de la Palabra de Dios, pasa a Jesucristo y, de éste, por medio de su testigo, a todo el que cree en Él.
• La segunda lectura, esta vez, es la que mejor va a interpretar el sentido del Evangelio de este domingo. La primera Carta de San Juan nos ofrece una de las reflexiones más impresionantes sobre el Dios cristiano: es el Dios del amor. El amor viene de Dios, nace en Él y se comunica a todos sus hijos. Por eso, la vida cristiana debe ser la praxis del amor. Si verdaderamente queremos saber quién es Dios, la carta de Juan nos ofrece un camino concreto: aprendiendo a ser hijos suyos; ¿cómo? amando a los hermanos.
• En el Evangelio de Juan continuamos leyendo el capítulo 15, donde la expresión “permanezcan en mí y yo en ustedes” se convierte ahora en “permanezcan en mi amor”.
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El Evangelio del VI domingo de Pascua: Jn 15, 9-17, pertenece a una sección más amplia: Jn 15,1-17. Toda esta sección se puede dividir en dos partes fundamentales: La primera, correspondió al V domingo de pascua (15,1-8), y la segunda parte (15,9-17), que se encuentra en la liturgia de este VI domingo de Pascua, el amor es el objeto de la revelación. Próxima ya la partida definitiva del Señor y con ello el alejamiento físico de sus discípulos por su muerte y resurrección, Jesús les habla del amor que el Padre le ha tenido, para confiarles que los ha amado del mismo modo; y añadir con intensa exhortación que, si ellos le aman, deben permanecer en Él. Con este pasaje del Evangelio estamos ante la cima de la revelación del amor de Dios. El Maestro dice a sus discípulos: “como el Padre me ha amado, así los he amado yo; permanezcan en mi amor”. Este es el don primero, diríamos, el fundamento del amor. El amor del Padre al Hijo, al que nosotros, por pura gracia, somos incorporados: “así los he amado yo”, dice Jesús, en clara alusión al amor hecho realidad en su cruz. Por eso, en el amor de Jesús vemos el amor, hasta sus últimas consecuencias, del padre por nosotros (cf. Jn 13,1; 19,30). “Como el Padre me amó” (v. 9), en griego, el verbo se encuentra en aoristo, y denota el acto de amor prodigado por Jesús a sus discípulos y consumado en su muerte; indica un amor completo, existe desde siempre y para siempre.
Pero después de este don gratuito, ha de venir nuestra respuesta generosa: “Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor”. El modelo para cumplir esta tarea es Jesús mismo: “lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. Esto lo ha hecho realidad Jesús por la obediencia a su Padre, concretada plenamente en el misterio de la cruz, con aquella palabra que resuena la tarde del viernes santo: “todo está cumplido” (Jn 19,30).
Desde esa íntima comunión de amor, se entienden las palabras que sigue formulando el evangelista sobre la alegría y el amor al hermano.
2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
El domingo pasado escuchábamos que Jesús se servía de la alegoría de la vid y los sarmientos para explicar a sus discípulos que, al igual que los sarmientos se nutren de la savia de la vid, así deben permanecer unidos a Él para vivir de la vida divina que les llega por medio de Él, como sucede con el tronco de la vid que alimenta a los sarmientos. Sin este alimento los sarmientos no pueden dar fruto y tampoco los discípulos si no permanecen unidos a Jesús (cf. Jn 15,5-8). Sobre este telón de fondo, Jesús explica que la permanencia en Él equivale a guardar sus mandamientos; es decir, un amor obediente a Él y al Padre (Jn 15,10).
Se trata ahora de “permanecer en su amor”. Este amor exige reciprocidad, pues para la amistad se necesitan dos. Por eso, Jesús apremia la respuesta con un imperativo: “permanezcan”. El amor circula, transmite vida y por ello nos permite estar en el Padre como lo hace el Hijo. La permanencia en el amor nos hace hijos de Dios (Jn 1,12), nos hace capaces de dar frutos, de amar a los hermanos, y encontrar la verdadera alegría: “Les he hablado esto para que mi alegría esté en ustedes, y su alegría llegue a plenitud”. En consecuencia, esta alegría solo puede venir de Jesús. En el texto que venimos comentando, de repente se cambia el término “amor” por “alegría”. Pero esto se da, precisamente, porque el resultado del amor es la alegría de amar y ser amado. El “guardar los mandatos”, forma concreta de la inserción en Cristo, no es pesado, insoportable, amargo, es más bien, fuente inagotable de alegría. La vida del Maestro estuvo siembre fundada en el amor del Padre, se caracterizó por la alegría. Este debe ser el camino del discípulo. El Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, señaló: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG,1).
Por eso es necesario permanecer en el amor, que significa amar como amó Jesús: “Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado” (Jn 15,12). Así, podemos amar, porque Él nos amó primero; asumimos el mandato porque Él lo asumió primero. La cruz mostró de parte de Jesús su decisión por nosotros. La cúspide del amor: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13), está en entregar la propia vida por el bien de quien se ama (Jn 10,14-18). Jesús, incluso, lavó los pies a sus discípulos, al esquivo de Pedro, y también a Judas el traidor. En la dinámica de este amor entramos todos, a pesar de nuestras negaciones, traiciones, enemistades, y distancias con el Maestro. El apóstol Pablo dirá: “…Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros…” (cf. Rm 5,6-11).
Si nos dejamos contagiar del amor de Jesús, nuestra vida será conforme a la suya. De esta manera, purificamos una vida desconectada del amor al hermano: “Hemos pasado de la muerte a la vida, si amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte” (1 Jn 3,14). Pues el amor de Dios es inseparable del amor al hermano. “Si alguno dice: ‹‹Amo a Dios››, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4,20).
Por último, no perdamos de vista que estamos en el tiempo de Pascua, y se nos recuerda que somos integrados en la Iglesia mediante el bautismo que nos introduce en la comunión eclesial, y esta comunión es con los Apóstoles y con sus sucesores, con la comunidad de discípulos, mediante la cual entramos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo, como dice la primera carta de San Juan (cf. 1 Jn 1,3). No podríamos llegar a esta comunión sin la acción del Espíritu Santo en nosotros, porque es Él quien infunde en el corazón de los creyentes el amor, la caridad de Dios, que es virtud teologal infundida, igual que las otras dos virtudes teologales, la fe y la esperanza. No son alcanzadas por las fuerzas humanas o la disciplina de sus facultades; son don de Dios que nos viene por la inhabitación en nosotros del Espíritu santificador. El amor es la misma vida divina, así dice la primera de Juan: «Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor» (1 Jn 4,8), para afirmar a continuación que el amor de Dios se ha manifestado «en que Dios mandó al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4,9).
3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Jesús, tú viniste al mundo para enseñarnos el lenguaje inefable de la caridad, y quieres que lo aprendamos con los hechos, con los gestos de cada día. Maestro, tú quieres que conozcamos el amor del Padre que te ha sacrificado a ti, su corazón, por nosotros, por nuestra salvación. Ayúdanos a no olvidar esta enseñanza, que se vuelva para nosotros tarea comprometida de vida. Regálanos la fuerza del amor humilde, perseverante, abierto a todos. Tú fuiste el primero en observar el mandamiento del Padre y nos diste tú mismo el ejemplo del amor más grande. Que podamos descubrir los distintos modos en que se nos presenta también a nosotros cada día la ocasión de dar la vida por los otros, y concédenos la fuerza para darla de manera concreta.
¿Cómo es capaz ahora el hombre de responder adecuadamente al amor de Dios, que le sale al encuentro liberándole y ofreciéndole una nueva vida en Jesucristo? En una entrega continua y sin reserva de todo el hombre a Dios, es decir, en el seguimiento de Cristo. Esta respuesta posee una doble vertiente: el hombre que está a la escucha y que responde en la plegaria, en la alabanza, en el testimonio, etc., y la existencia para los demás, viviendo en comunión. Desde esta perspectiva podemos valorar el proceso del camino sinodal que vive la Iglesia en estos momentos. Para hacer realidad el proyecto de caminar juntos debemos atender esta palabra de Jesús que, animada por el Espíritu, nos impulsa a permanecer unidos en el amor. El Papa Francisco convocó un sínodo de Obispos, que tuvo por tema: “Por una Iglesia sinodal: Comunión, participación y misión”. El Santo Padre nos ha pedido que invoquemos el Espíritu Santo para que guíe a la Iglesia hacia una comunión más profunda, una participación más fuerte en la vida en Cristo y un compromiso más vivo con la misión evangelizadora de la Iglesia. Nunca podemos concentrarnos en nosotros mismos. Nuestra misión es testimoniar el amor de Dios. Por eso debemos preguntarnos: ¿Qué acciones concretas haré para responder a lo que Dios me pide hoy como discípulo? Permanecer en Jesús, estar unido a él, traer alegría al corazón. ¿Cómo experimentamos y transmitimos esa alegría a los que nos rodean? ¿Qué acción podemos realizar esta semana para que los que nos rodean se den cuenta de que vivimos unidos a Cristo? Jesús dice que nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. ¿Qué haremos esta semana para que nuestros amigos sepan que estamos dispuestos a dar la vida por ellos? Puede ser un gesto de atención y cariño como hablarles por teléfono y preguntarles cómo se sienten, que está pasando en sus vidas, de qué manera podemos ayudarles.
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Recomendaciones prácticas:
• Jornada Nacional de la Infancia Misionera
• Día de la Madre: programar en la parroquia una eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas.
• El próximo viernes comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés.
II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Monición introductoria de la Misa
Queridos hermanos, sean todos bienvenidos a esta, nuestra comunidad, a este encuentro de los convocados por el Señor. Dios es Amor. Nos lo dice San Juan. Lo ha dicho también el Papa Benedicto XVI, en su magnífica encíclica "Deus caritas est": (Dios es amor), sobre el amor cristiano. El amor es lo que mueve el mundo, y si no es el amor lo que mueve el mundo, será el odio y la adhesión a las riquezas lo que ocupará su sitio. Aprovechemos este domingo para meditar sobre el Amor de Dios y sobre nuestro amor hacia los hermanos. Y tengamos en cuenta que todo el amor, todo, es de substancia divina. Hemos llegado a este Sexto Domingo de Pascua, es el último antes de la Ascensión del Señor. El tiempo va pasando, pero nuestra esperanza está puesta en el Señor resucitado que no nos abandona nunca. Celebremos con gozo y fe esta fiesta dominical.
Monición a la Liturgia de la Palabra
Hermanos, el Evangelio y la segunda lectura que vamos a escuchar con atención, responden a la pregunta: ¿cómo permanecer unidos a Cristo para dar frutos? La respuesta es: Permaneciendo en su amor, es decir, cumpliendo los mandamientos y siendo signo vivo y concreto de ese amor. El mandamiento de Jesús consiste en amar a Dios y amarnos mutuamente. Así la alegría llega a su plenitud. Escuchemos.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Con Jesús, que ofrece a los suyos el testamento de su amor, oremos.
R. Danos, Señor, un corazón nuevo.
1. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de todos los hombres, conceda a su Iglesia hacer cada vez más creíble el mensaje de esperanza que le viene de la Pascua. Roguemos al Señor.
2. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de todos los hombres, venga en ayuda de todos los que trabajan en favor de la paz, para que sean en nuestro mundo testigos del amor de Dios. Roguemos al Señor.
3. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de todos los hombres, nos haga descubrir que el amor lo es todo, si es vivido en la fidelidad al mandato de Jesús. Roguemos al Señor.
4. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de todos los hombres, haga de las comunidades, movimientos y grupos de creyentes, hombres y mujeres capaces de reconocer los carismas del Espíritu y su diversidad, para que de esta manera enriquezcan la unidad de la Iglesia. Roguemos al Señor.
5. Para que el Señor Jesús, resucitado para ser salvador de todos los hombres, nos ayude, para que no apaguemos el fuego del Espíritu que desde el día de nuestro bautismo nos alienta, y caminemos conforme a la vida nueva que Él nos ha comunicado. Roguemos al Señor.
Oración conclusiva
Acoge la oración que, confiados,
te presentamos y transfórmala en bendiciones
para tu Iglesia y para el mundo.
R. Amén.
La migración, una realidad que nos sigue interpelando
Vie 25 Sep 2026
Por el cuidado del agua
Jue 24 Sep 2026
Vie 18 Sep 2026
Los últimos serán los primeros
VIGÉSIMOQUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO20 septiembre 2026Primera lectura: Is 55,6-9 Salmo: Sal 145(144),2-3.8-9.17-18 (R. 18a) Segunda lectura: Flp 1,20c-24. 27a Evangelio: Mt 20,1-16.I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNLa Palabra de Dios en este día, en sus tres lecturas y el salmo, mantiene una profunda coherencia. Veamos:En el Evangelio, el capítulo 20 de Mateo nos presenta una parábola en la que Jesús describe al propietario de una viña que busca obreros para trabajar. Sale en distintas horas del día y llama repetidamente hasta la última hora. Al final, ordena pagar a todos lo acordado, lo que provoca la inconformidad de los primeros, que no comprenden la lógica del dueño.La primera lectura, tomada de Isaías 55, ofrece una clave interpretativa al Evangelio: “Mis planes no son sus planes, sus caminos no son mis caminos». Dios piensa y actúa de manera distinta al hombre; sus criterios superan los nuestros. Esto nos invita a mirar con los ojos de Jesús y asumir su lógica.La segunda lectura, de la carta a los Filipenses, nos muestra a Pablo identificado plenamente con Cristo: “Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir”. Su vida y pensamiento reflejan la cercanía con el Señor.Por eso, hagamos nuestra la súplica del salmo: “Cerca está el Señor de los que lo invocan”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El propietario de la viña sale a diferentes horas del día y llama repetidamente obreros hasta el atardecer. Al final da orden al administrador de pagar a todos los que han trabajado según lo acordado previamente. Hasta allí no notamos ninguna injusticia pues lo pactado se ha respetado.Pero sí se rompen ciertos esquemas porque el pago es en orden inverso. Primero se les paga a los últimos llamados, quienes reciben un denario, como se había acordado. Por esto, nos damos cuenta de que el costo del trabajo diario de un obrero era de un denario, una unidad de medida útil para hacer cálculos económicos en la época de Jesús. Los que han trabajado todo el día, al final reciben el mismo denario acordado. El elemento traumático se produce al final, porque los primeros que fueron llamados y trabajaron todo el día se quejan y murmuran. Quienes protestan han recibido lo que habían acordado, entonces ¿por qué se quejan? Lo hacen porque empiezan a “compararse” con los otros y esto les hace estallar en la ira. Si solo ellos hubieran trabajado todo el día y recibido la paga acordada, la convenida, la justa, habrían estado contentos. En cambio, están ofendidos porque el señor paga a los últimos llamados igual que a ellos. Son en cierto modo envidiosos. Es precisamente la comparación con la bondad de Dios lo que hace estallar la ira de los primeros. A ellos el dueño se dirige diciendo: "No te hago injusticia”. Les invita a reconocer que el problema lo tienen ellos por compararse y caer en la envidia.La parábola destaca, entonces, la reacción de los trabajadores que se sienten injustamente tratados cuando ven que los que trabajaron menos tiempo reciben la misma paga que ellos. También subraya la idea de que la comparación y posterior envidia pueden generar ira y resentimiento, y que la bondad de Dios puede ser un desafío para aquellos que se sienten justos y merecedores. Por eso es necesario entrar en la lógica de Dios2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La parábola quiere explicar el actuar de Dios. El dueño representa a Dios, que llama a todos y llama siempre, nos sigue llamando a cada uno, a cualquier hora, para invitarnos a trabajar en su Reino. Este es el estilo de Dios, que Mateo quiere transmitir. Dios no está encerrado en su mundo, sino que sale continuamente a la búsqueda de las personas, porque quiere que nadie quede excluido de su plan de amor. Y esto antes que ser motivo de protesta debe ser causa de alegría. No podemos caer en la tentación de algunos grupos cristianos que, también hoy, se creen mejores que otros, que se consideran con mayores privilegios delante de Dios que otros, o que cierran las puertas de la participación a otros. Todos son invitados y muchos acogen la Buena Noticia de Jesús y reciben la misma salvación.Teniendo en cuenta que Mateo escribe para judíos convertidos al cristianismo, busca resaltar que, aunque el pueblo judío fue llamado en primer lugar para recibir la revelación de Dios, otros pueblos también conocerán la Buena Noticia y participarán de la salvación ofrecida por Él.El Papa Francisco reflexionando sobre esta parábola nos compartía: “Dios quiere dar el máximo de la recompensa a todos, incluso a quienes llegaron de últimos. Y aquí se comprende que Jesús no está hablando del trabajo y del salario justo, sino del Reino de Dios y de la bondad del Padre celestial”.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor, que al escuchar esta parábola no me ponga en el lugar equivocado. Ayúdame a comprender que soy yo el obrero de la última hora, que quizá sigo recibiendo tu llamada y tu misericordia sin merecerla. Hay tantos santos en la Iglesia que te han respondido con generosidad y heroísmo, que te han seguido y hasta han dado su vida por el Evangelio; sin embargo, el premio que tú me ofreces es el mismo de ellos. Que no me considere justo ni mire a los otros como pecadores. Ayúdame a ponerme, Señor, en la perspectiva correcta: saber que cada día “soy” gracias a tu misericordia de última hora. Y que me alegre y te agradezca por cada hermano o hermana que vuelve a ti, a cualquier hora del día. Amén.II. MONICIÓN INTRODUCTORIA DE LA MISA Y ORACION DE LOS FIELES Introductoria de la Misa Hermanos y hermanas, en este Vigésimoquinto Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a contemplar la lógica sorprendente del amor divino. El Evangelio nos presenta la parábola del dueño de la viña, que llama a todos a trabajar sin importar la hora, recordándonos que la misericordia de Dios no se mide con criterios humanos. Isaías nos dice: “Sus caminos no son mis caminos”, y san Pablo proclama: “Para mí la vida es Cristo”. Hoy celebramos que el Señor nos busca siempre y nos ofrece la misma salvación a todos. Dispongamos el corazón para agradecer su bondad y renovar nuestro compromiso con el Reino. Participemos con alegría en esta Eucaristía.A la liturgia de la Palabra: La paciencia de Dios no es debilidad, sino misericordia que ofrece tiempo para la conversión, como anuncia Isaías. San Pablo, desde la prisión, contempla con fe tanto la muerte, que lo uniría a Cristo, como la posible liberación para continuar su misión, seguro de que todo es para Él. Jesús, en la parábola del Evangelio, corrige la idea humana de justicia y muestra que el Reino es una viña donde todos trabajan, pero el salario es siempre un don gratuito. Por eso, nadie puede exigirlo ni compararse, sino recibirlo con gratitud y alegrarse del bien concedido a otros. Escuchemos la Palabra de Dios con atención.Oración universal o de los fieles Presidente: Oremos, hermanos y hermanas a Dios Padre que está cerca de cuantos lo invocan, y es misericordioso para con todos. Y supliquemos confiadamente diciendo: R/. Escucha, Señor, la oración de tu pueblo.Para que la palabra de Dios ilumine a la santa Iglesia y en todas las horas, en la mañana y en la tarde, haya quien trabaje en la viña del Señor. Oremos.Para que los responsables de la economía mundial no se cierren a las necesidades de las personas, sino que defiendan los derechos de los más pobres. Oremos.Para que los desempleados encuentren empleo, los obreros estabilidad y los trabajadores del campo cosechas abundantes. Oremos.Para que nuestros campos, pueblos y ciudades sean lugares de convivencia y amistad, donde se invoque al Señor y haya paz. Oremos.Para que los miembros de nuestra asamblea dominical sientan el gusto de trabajar al servicio del evangelio y llenen el corazón con sus valores. Oremos.Oración conclusivaSeñor Dios nuestro, cuyos pensamientos y caminos están muy por encima de los nuestros, haz que la palabra de Jesús nos motive para trabajar en su viña. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.
Vie 11 Sep 2026
¿No debías tú también tener compasión?
VIGÉSIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO13 Septiembre 2026Primera lectura: Sir 27,30 - 28,7Salmo: Sal 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12 (R. 8a)Segunda lectura: Rm 14,7-9Evangelio: Mt 18,21-35.I.Orientaciones para la Predicación1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro del Sirácida advierte con claridad: el rencor y la ira no conducen a la vida. Quien alimenta el resentimiento se encierra en una lógica de muerte. Por eso invita a recordar los mandamientos y a pensar en el final de la vida, donde cada uno necesitará la misericordia de Dios. El perdón no es una opción secundaria, sino una condición para recibir el perdón divino.El salmo proclama precisamente esa misericordia: el Señor es compasivo y clemente, lento a la ira y rico en amor. No nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas; aleja de nosotros nuestras faltas como el oriente está lejos del occidente. La experiencia del creyente es la de haber sido profundamente perdonado.San Pablo recuerda que nuestra vida no nos pertenece: vivimos y morimos para el Señor. Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos. Esta pertenencia cambia nuestra manera de relacionarnos: si somos del Señor, no podemos vivir dominados por el juicio y la dureza hacia los demás.En el Evangelio, Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar, y Jesús rompe toda medida humana: “setenta veces siete”. La parábola del siervo despiadado revela la incoherencia de quien, habiendo sido perdonado de una deuda inmensa, no es capaz de perdonar una pequeña. El mensaje es claro: la paz y la comunión nacen de la conciencia agradecida de haber sido perdonados.En conjunto, los textos muestran que el perdón es el camino indispensable hacia la paz. Solo quien ha acogido la misericordia de Dios puede ofrecerla a los demás y construir relaciones nuevas.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La divina palabra nos invita a abandonar el odio vengativo y la venganza odiosa (primera lectura), pues todos somos del Señor (segunda lectura), ya que de su cuerpo místico somos miembros, de manera tal que el mejor don que podemos otorgarnos unos a otros es el perdón generoso (evangelio).¿Qué dice el texto? El paso del evangelio hace parte del llamado discurso eclesiástico (Mt 18), conclusión de la sección de Mateo que presenta a la Iglesia como inicio y germen del reino (Mt 13,53-18,35). El evangelio que escuchamos es el final de esta importante sección, el cual puede dividirse en dos partes: la pregunta de Pedro y la respuesta de Jesús (Mt 18,21-22) y la parábola del siervo inmisericorde (Mt 18,23-34), coronadas ambas secciones por la conclusión que se halla en el versículo 35: “esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.¿Qué nos dice el texto del evangelio? El perdón de Dios es el motivo y la medida del perdón fraterno. Perdonamos «porque» hemos sido perdonados; perdonamos «como» hemos sido perdonados; perdonamos «para» ser perdonados.A quien se equivoca, sin ofenderme, le debo la corrección fraterna; a quien, equivocándose, me ofende, le debo la gracia del perdón fraterno. En efecto, el perdón es una de las más bellas expresiones del amor humano y cristiano.Quien no es capaz de perdonar, difícilmente es capaz de amar, pues condicionar el amor a una ofensa recibida significa no haber comprendido el significado del amor mismo. Sólo aquel que es bastante grande para perdonar, sabe amar. Amamos cuando perdonamos y perdonamos cuando amamos; amamos cuanto perdonamos y perdonamos cuanto amamos.Al tiempo de Jesús, un Israelita debía perdonar tres veces a su ofensor: después de esto se acudía a la vía legal. Pedro ha entendido que Jesús propone un perdón más amplio y por ello cree ser muy generoso cuando propone perdonar siete veces. La respuesta de Jesús le revela cuánto sea todavía mezquino en la concesión del perdón.«Hasta setenta veces siete», es decir, un perdón total, integral, pleno, perfecto. Si el descendiente del fratricida Caín proponía una venganza sin límites, exigiendo ser vengado setenta y siete veces (Gn 4,24), Jesús, que da la vida por amor a sus hermanos, propone perdonar setenta veces siete. La venganza lleva a la muerte; el perdón lleva a la vida.El perdón es el triunfo constante del amor, es la imitación continua del Señor. La bondad de un corazón no se mide tanto por el amor que muestra hacia sus amigos, cuanto por la misericordia que demuestra hacia sus enemigos. Perdonar es el valor de los valientes. Nada más liberador que el perdón; nada más sanador que el perdón; nada más enriquecedor que el perdón.El Señor ilustra su mensaje con una parábola en tres escenas. En la primera el rey encuentra a un siervo que le debía diez mil talentos. Éste suplica y el rey, con entrañas maternas, le perdona toda su deuda. Para hacerse a una idea, se cree que en la época de Cristo un talento equivalía a 58,9 kilos, de modo que la deuda de aquel siervo era de unas 589 toneladas de oro. Para transportarlas serían necesarios 589 furgones con capacidad de carga de una tonelada cada uno, los que formarían una fila de unos cinco kilómetros. Sencillamente era una deuda impagable.La segunda escena es escalofriante por la dureza del siervo perdonado. Encuentra a otro que le debe cien denarios, una deuda pequeña, que se podría pagar con un poco más de tres meses de trabajo. Su corazón de monstruo se mostró duro y sin piedad para con quien le suplicaba. Lo agarraba del cuello y lo asfixiaba en el cuerpo, como lo estaba asfixiando en el alma.En la tercera escena, los compañeros escandalizados ante tanta impiedad, informan al rey sobre lo sucedido. Éste llama al siervo impío y lo define con uno de los calificativos más duros que se encuentran en el evangelio: «siervo malvado». Le hace la pregunta que Dios te hace a ti y a mí: «¿No debías tú tener compasión de tu consiervo, como yo tuve compasión de ti?»La moraleja se resume en una severa advertencia, que en práctica clausura la propuesta de Cristo sobre el reino: «así hará mi padre del cielo con vosotros, si cada uno no perdona de corazón a su hermano». Los hijos del mismo Padre hermanos son y porque hermanos han de perdonar y ser perdonados de corazón. Porque el amor es personal, también el perdón es personal: «cada uno» ha de perdonar, «cada uno» ha de ser perdonado. Cada uno, pues, así como nadie te puede sustituir en el arte de amar, nadie te puede sustituir en el arte de perdonar.El apóstol nos ha recordado que «tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor», pertenencia que el Señor pagó a precio de su vida donada (Rom 14,7-9: segunda lectura). Los que pertenecen al Señor viven un estilo de vida diverso, con actitudes nuevas y relaciones nuevas. Una de estas actitudes es la disponibilidad al perdón siempre, pues como enseña el sabio en el libro del Eclesiástico (27,33˗28,9: primera lectura): «el rencor y la ira son cosas detestables» y «del vengativo se vengará el Señor». Quien venga, no tiene nada que ganar; quien perdona, no tiene nada que perder. El amor da testimonio “de las fuerza de las relaciones fundadas en la Trinidad” (DFSS, 34).María santísima, de corazón misericordioso, nos ayude a vivir y convivir en la práctica del perdón, de modo que el perdón que otorgamos sea reflejo y continuación del perdón que recibimos. Perdonadores porque perdonados.«¿Quieres ser feliz por un instante? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz por siempre? ¡Perdona!» (Tertuliano).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesucristo, que eres llamado Príncipe de la Paz,que eres Tú mismo nuestra paz y reconciliación,que tan a menudo dijiste: "La Paz contigo, la paz les doy."Haz que todos hombres y mujeres den testimoniode la verdad, de la justicia y del amor fraternal.Destierra de nuestros corazones cualquier cosaque podría poner en peligro la paz.Ilumina a nuestros gobernantespara que ellos pueden garantizary puedan defender el gran regalo de la paz.Que todas las personas de la tierrase sientan hermanos y hermanas.Que el anhelo por la paz se haga presentey perdure por encima de cualquier situación.(San Juan XXIII)_______________________Recomendaciones prácticas:•Concluye la semana por la paz.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoriaHermanos, al concluir la Semana por la Paz, la Palabra de Dios nos conduce al corazón mismo de toda reconciliación: el perdón. El libro del Sirácida nos exhorta a dejar la ira y el rencor; el salmo proclama que el Señor es compasivo y misericordioso; san Pablo nos recuerda que pertenecemos al Señor en la vida y en la muerte; y Jesús nos enseña que el perdón no tiene medida.No puede haber paz verdadera sin corazones reconciliados. La paz comienza cuando renunciamos al resentimiento y acogemos la misericordia que Dios ha tenido con nosotros.Dispongamos el alma para celebrar esta Eucaristía como escuela de perdón y fuente de paz.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra inspirada y proclamada nos invita a donar el perdón recibido, con generosidad, totalidad e integridad, para poder testimoniar la belleza de la comunión.Oración de fielesPresidente: Al Padre misericordioso, que perdona nuestras culpas y nos llama a perdonar, elevemos nuestras súplicas diciendo:R/. Señor, haznos instrumentos de tu perdón.1.Por la Iglesia, para que sea signo creíble de reconciliación y testimonio vivo de la misericordia de Dios en medio del mundo.2.Por nuestra nación, para que los procesos de diálogo y reconciliación estén sostenidos por la verdad, la justicia y la voluntad sincera de perdonar.3.Por las víctimas de la violencia y por quienes han causado daño, para que encuentren caminos de sanación, conversión y restauración.4.Por las familias y comunidades heridas por divisiones antiguas, para que la gracia del Señor les conceda dar el paso del perdón sincero.5.Por nosotros, para que recordando cuánto hemos sido perdonados, aprendamos a perdonar sin límites y construyamos la paz desde el corazón.Oración conclusivaEscucha, Padre misericordioso, la oración de tu pueblo deseoso de testimoniar el perdón, por Cristo tu Hijo, quien, Contigo y el Espíritu, vive y reina por los siglos de los siglos.R. Amén.
Vie 24 Jul 2026
“El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido”
DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO26 Julio 2026Primera lectura:1R 3,5.7-12Salmo: Sal 119(118),57 y 72. 76-77.127-128.129-130 (R. 97a)Segunda lectura: Rm 8,28-30Evangelio: Mt 13,44-52Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónOptar por la docilidad en la elección del bien es el camino que conduce a la verdad y a la vida en persona, a Jesús, a Dios, y con Él tenemos el tesoro por el que verdaderamente vale la pena darlo todo, venderlo todo. Esto exige esfuerzo, como nos lo indican las parábolas de la perla preciosa y del tesoro escondido; solamente quienes se esfuerzan por vivir según el querer del Todopoderoso, podrán gozar de los bienes que nos promete.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Aquí tienes la síntesis en prosa de los textos:En el primer libro de los Reyes, Salomón, recién constituido rey, reconoce su pequeñez y pide a Dios no riquezas ni poder, sino un corazón dócil para gobernar y discernir entre el bien y el mal. Dios se complace en esa petición y le concede sabiduría. El verdadero tesoro no es el éxito exterior, sino la capacidad de escuchar y comprender según el corazón de Dios.El salmo es una declaración de amor a la Ley del Señor. La Palabra es herencia, consuelo, riqueza mayor que el oro. Quien descubre su valor la estima por encima de cualquier bien material y encuentra en ella luz y dirección.En la carta a los Romanos, san Pablo afirma que todo coopera para el bien de los que aman a Dios. El proyecto divino es conducirnos a conformarnos con la imagen de su Hijo. No somos fruto del azar: hemos sido llamados, justificados y destinados a la gloria. La vida del creyente está sostenida por una intención amorosa de Dios.En el Evangelio, Jesús compara el Reino de los cielos con un tesoro escondido y con una perla de gran valor. Quien los descubre vende todo con alegría para poseerlos. El Reino no se impone; se descubre. Y cuando se reconoce su valor, todo lo demás pasa a segundo plano. La parábola de la red recuerda que el Reino también implica discernimiento y responsabilidad ante la verdad.En conjunto, los textos convergen en una misma enseñanza: el verdadero tesoro es el Reino de Dios, que se acoge con sabiduría, se ama como riqueza suprema y orienta toda la vida hacia el cumplimiento del designio divino.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?En la actual sociedad de consumo se nos ofrecen muchos planes y cosas que prometen felicidad; hemos de estar atentos y vigilantes, pues el Padre de la mentira quiere perdernos y siempre usa la misa estrategia que vemos en el Génesis: nos muestra muy atractivo el fruto prohibido y, al mismo tiempo, nos hace sospechar de la bondad de Dios al pedirnos que sigamos su voluntad. Nuestra actitud ha de consistir en la vigilancia y la atención; pero esto solamente es posible si reflexionamos, si nos paramos a pensar; de esta manera le damos espacio a Dios para que su luz nos ilumine y nos ayude a descubrir qué es lo que verdaderamente cuenta, qué es lo importante y perdurable, qué es lo que nos puede dar vida y vida en abundancia.Una vez descubierto el bien y el bien verdadero, entonces viene la decisión: un corazón dócil al bien que se descubre. No temamos al trabajo, al cansancio y a la fatiga, pues cuando se invierten las energías en lo que verdaderamente vale, la recompensa llega al momento, pues la existencia se va llenando de alegría, paz y esperanza. El Evangelio es para valientes, dispuestos a los duros combates de la fe, pero con la conciencia de nunca ser abandonadas en la batalla y de tener la victoria asegurada.En la medida en que vayamos avanzado en la adquisición de este tesoro, mejor, en la medida en que nos vayamos disponiendo y dejando que el gran tesoro entre a nuestro corazón, estaremos dispuestos a los más altos sacrificios, pues todo lo demás comparado con Jesús es basura y perdición. Él en nosotros hará posible lo más sublimes heroísmos y el corazón se llenará cada vez más de luz y de gozo, de un gozo inefable que anticipa, en cierta manera, la bienaventuranza eterna.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor: no permitas que nos dejemos engañar por el tentador astuto; por el contrario, danos luz para discernir lo mejor y elegirlo, conforme a tu ejemplo que siempre hiciste lo que más agradaba a tu Padre. No nos dejes caer en el desaliento por los esfuerzos y los trabajos que implica seguir tu voluntad. Ayúdanos a ser valientes y decididos para elegir siempre y en todo momento el bien, tanto en los pequeños y sencillos momentos de la vida diaria, como en las situaciones más difíciles que puedan llegar a nuestra existencia.Pensemos: ¿Qué tesoro hay en mi vida y que impide que el verdadero Tesoro entre a mi corazón? Solamente despojándonos de los tesoros que no valen podremos tener al gran Tesoro, que enriquece hasta la vida eterna. No temamos renunciar, sacrificar todo lo que pareciera importante, pero que nos separa de Jesús o nos impide acercarnos más a Él. Procuremos, particularmente, empeñarnos en una vida de caridad que nos permitirá tener cada vez más al Señor en nuestro corazón, pues nos dijo que todo lo que hagan a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicieron (Mt 25,40)._______________________Recomendaciones prácticas:Jornada Mundial de los abuelos y de los mayores.Moniciones y Oración Universal o de los FielesMonición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos habla del verdadero tesoro: la sabiduría que viene de lo alto y el Reino que vale más que cualquier riqueza. Salomón pide un corazón dócil; el salmista proclama que la Ley del Señor es más preciosa que el oro; y Jesús nos invita a descubrir el Reino como el tesoro escondido por el que vale la pena entregarlo todo.En esta Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, damos gracias por quienes, con su experiencia y fe perseverante, nos ayudan a reconocer lo que realmente vale en la vida. Ellos son memoria viva, testigos de fidelidad y custodios de esperanza.Celebremos esta Eucaristía pidiendo un corazón sabio para descubrir el tesoro del Reino y agradecer el don de nuestros mayores.Monición a la Liturgia de la PalabraLa vida auténtica y feliz depende del discernimiento y la elección del bien y del mayor bien en cada momento; así, obtendremos el tesoro que nos hará verdaderamente ricos y poderosos. Escuchemos con fe y atención.Oración Universal o de los FielesPresidente: Al Señor, tesoro verdadero y fuente de sabiduría, elevemos nuestras súplicas diciendo:Por la Iglesia, para que sea siempre comunidad que custodia y transmite la fe, valorando la sabiduría y el testimonio de los mayores.En esta Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, por nuestros abuelos y personas mayores, para que se sientan amados, respetados y acompañados, y su experiencia sea reconocida como un tesoro para la sociedad y la Iglesia.Por los ancianos que viven en soledad, enfermedad o abandono, para que encuentren cercanía, cuidado y consuelo en sus familias y comunidades.Por las familias, para que sepan integrar a sus mayores con gratitud y aprendan de ellos la paciencia, la memoria y la fe perseverante.Por nosotros, para que, como Salomón, pidamos un corazón sabio y sepamos elegir el Reino de Dios como el bien más grande de nuestra vida.Oración conclusivaPadre bueno, que nos llamas a participar de tu Reino y nos das en nuestros mayores un testimonio de fidelidad, escucha nuestras oraciones y haznos crecer en sabiduría y amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.R.Amén.
Vie 19 Jun 2026
“Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre…”
DÉCIMOSEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO21 junio 2026Primera lectura: Jr 20, 10-13Salmo: Sal 69(68), 9-10.14.33-34 (R. 35,10)Segunda lectura: Rm 5,12-15Evangelio: Mt, 10,26-33.I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIONIntroducción•El profeta Jeremías experimenta la persecución, la calumnia y el miedo, pero en medio de la amenaza proclama su confianza: el Señor está con él como guerrero poderoso y no lo abandona. El salmo recoge el clamor del justo que sufre por fidelidad a Dios, pero que espera en su auxilio y alaba su misericordia.•San Pablo, en la carta a los Romanos, presenta un contraste decisivo: por un solo hombre entró el pecado y la muerte en el mundo, pero por Jesucristo ha venido la gracia sobreabundante que trae justificación y vida para todos.•En el Evangelio, Jesús invita a sus discípulos a no tener miedo ante la persecución ni ante el juicio humano. Les recuerda que la verdad será manifestada y que el Padre cuida incluso de los detalles más pequeños de la creación. Por eso, quien lo reconozca delante de los hombres será reconocido por Él ante el Padre. Es una llamada a la confianza, a la valentía y a la fidelidad en medio de la adversidad.1.Lectio: ¿Que dice la Sagrada Escritura?La identidad del cristiano se traduce en alimentar todos los días, la confianza en el Señor, y desechar el temor de raíz, pues quien confía en Dios no tiene miedo.Al estilo de los apóstoles, los tiempos que nos correspondió vivir, exigen una relación plena con Jesús, para exhibir valentía ante los detractores del evangelio, y para esparcir la fragancia del amor de Dios, pues la ilusión de un fiel cristiano, es misionar al estilo de Jesús.Siempre habrá dificultades, como las que le toco afrontar en su tiempo al profeta Jeremías, quien es consciente de que sus adversarios, buscaron un momento para acecharlo y causarle daño, como lo escuchamos en la primera lectura., es decir a pesar del paso de los años y de los siglos, a un seguidor de Jesucristo, le corresponde enfrentar al mundo terreno, que cree tener la sabiduría que transciende, pero lo que exhibe es la dimensión de pecado de los hombres. 2.Meditatio: ¿Que me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?Por un hombre entró el pecado al mundo, así lo menciona el capítulo 5 de la carta a los romanos. Pero lo más importante no es el establecimiento del pecado, sino la gracia de Dios, que purifica, que sana, que levanta y construye. Solo el que tiene conciencia del encuentro con el Señor, sabe qué No debe tener miedo, pues Dios es el dueño de todo, pues hasta los cabellos de la cabeza están contados, y los seres humanos valemos más que muchos pajarillos.Las comunidades que conformamos la gran iglesia de Jesucristo, deben estar impregnadas por la presencia infinita de Dios, que las lleva a distinguirse como comunidades valientes, que dan testimonio del amor de dios, así construiremos, la iglesia, que él fundó, y que nosotros ayudamos a edificar día tras día.3.Oratio y Contemplatio: ¿Que suplicamos al señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La dimensión cristiana, se refleja en el arte de descubrir permanentemente el alcance de la palabra Misión, hasta el punto que se hacen uno solo, la misión y el enviado; que tiene claro que no hay nada encubierto, que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo importante es encontrarle sentido a la vida, entregando todo por el evangelio, para que se cumpla la sentencia del Señor, si alguien se declara a mi favor ante los hombres, también yo me declararé a su favor ante mi Padre que está en los cielos.Anunciar la misión, requiere discípulos auténticamente cristianos, según el corazón de Dios, Pues Él es el que le da sentido a toda la existencia. Así que la misión evangelizadora no es una opción sino una responsabilidad de amor, que nos compromete como persona, como familia, como comunidad, como integrante de la iglesia, que se funda en el amor, y en la certeza de que Dios siempre, pero siempre está al lado, del que lo invoca sinceramente.Misión es reconocer que los dones recibidos se reciben para transmitirlos. Lo que recibiste gratis dadlo gratis. De tal manera que, despojados de toda consideración mundana, que nos aleje de Dios, llenemos el mundo que vivimos con la fragancia plena del compartir todo lo que tenemos, porque solo así, haremos presente al Dios que nos dio la vida, para ser como Él.Recomendaciones Practicas•Hoy, en la segunda vuelta presidencial, recordemos que participar responsablemente en la democracia, votando con conciencia y buscando el bien común, es también una forma concreta de vivir nuestra fe y amar a Colombia.II.MONICIONES Y ORACION UNIVERSAL O DE FIELESMonición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos habla del temor, de la persecución y de la confianza. El profeta Jeremías experimenta la hostilidad y la calumnia, pero proclama con firmeza: “El Señor está conmigo como fuerte soldado”. San Pablo nos recuerda que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y Jesús nos exhorta: “No tengan miedo”, invitándonos a confiar en la providencia del Padre.En este día en que nuestra nación vive la segunda vuelta de la elección presidencial, venimos a la Eucaristía para poner a Colombia en manos de Dios. Que esta celebración fortalezca nuestra esperanza, ilumine nuestra conciencia y nos ayude a vivir este momento con responsabilidad, serenidad y fe.Monición a la liturgia de la PalabraA pesar de nuestras limitaciones y miedos, el Señor, nos acompaña, y nos acoge con el verdadero valor de sus fieles, que somos más valiosos que muchos pajarillos.Oración Universal o de los FielesPresidente: Confiando en el Señor que cuida de cada uno de sus hijos, presentemos nuestras súplicas diciendo:R/. Señor, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que en medio de las tensiones sociales anuncie con valentía la verdad, promueva la justicia y sea signo de reconciliación y esperanza.2.Por nuestra nación en esta jornada electoral, para que los ciudadanos participen con responsabilidad y conciencia, y el proceso se desarrolle en paz, respeto y transparencia.3.Por quien sea llamado a ejercer la presidencia, para que gobierne con sabiduría, sentido de servicio y compromiso con el bien común, especialmente de los más pobres y vulnerables.4.Por quienes sienten miedo, incertidumbre o división ante la situación del país, para que la palabra de Cristo —“No tengan miedo”— fortalezca sus corazones y los abra al diálogo y a la fraternidad.5.Por nosotros aquí reunidos, para que demos testimonio público de nuestra fe con coherencia, sin avergonzarnos de Cristo, y seamos constructores de paz en nuestras familias y comunidades.Oración ConclusivaPadre bueno, tú que conoces hasta el número de nuestros cabellos y sostienes la historia con tu providencia, escucha nuestras oraciones y guía a nuestra nación por caminos de justicia y paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén